
Publicada el 7/31/2010

Por Jorge Rivas Rodríguez
Una noticia recibida con recelo por algunos y con expectativas por otros, acaba definitivamente de desvanecerse. Se trata del posible hallazgo en Roma de un nuevo cuadro de Caravaggio, el gran exponente de la pintura barroca, cuya autenticidad fue desmentida por Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos.
Hace alrededor de dos semanas, cuando se dio a conocer que había sido encontrada una pieza titulada El Martirio de San Lorenzo, cuya autoría fue atribuida al genial pintor italiano, muchos especialistas y estudiosos del arte universal pusieron en duda que efectivamente se tratara de una de sus obras, totalmente desconocida hasta ahora; aunque tal descubrimiento no era absolutamente improbable, ya que Caravaggio pasó buena parte de su vida en tránsito por diferentes ciudades de la península, realizando en ellas numerosos encargos en formato mediano para clientes particulares, mayoritariamente de la nobleza italiana, la cual le solicitaban obras muy especificas.
Sin embargo, la noticia del hallazgo de El Martirio de San Lorenzo, cuyo tema bien pudiera corresponder a las numerosas pinturas religiosas realizadas por Michelangelo Merisi da Caravaggio (Milán, 29 de septiembre de 1571 - Porto Ércole, 18 de julio de 1610), fue desmentida en un informe publicado en L´Osservatore Romano por Paolucci, quien asegura que solo se trata de una copia modesta.
Reconocido como el más experimentado especialista en Historia del Arte del Vaticano, Paolucci concluyó que en el mencionado cuadro atribuido a Caravaggio no hay calidad, lo cual contrasta con la altísima calidad de toda la producción del gran maestro del Barroco, cuya cuidadosa realización artística es impecable “incluso cuando hace utilización del máximo descuido y de los mínimos recursos expresivos", afirma el experto.
El anuncio del descubrimiento de una nueva obra de Caravaggio fue hecho en el mismo periódico L´Osservatore Romano el 17 de julio último, un día antes de que conmemorara el Cuarto Centenario de la muerte del maestro, efeméride que ciertamente ha tenido mayor resonancia internacional debido a este extraño acontecimiento.
Según las diferentes versiones sobre su convulsa vida y su prolífica obra, Caravaggio, era un pintor indudablemente amante de su oficio, pero fue tan querido como odiado debido a su personalidad terca, orgullosa y provocativa hacia sus semejantes, a los que constantemente incitaba a la discusión o la pelea, características que probablemente motivaran a algún pintor resentido o admirador empedernido a realizar un cuadro similar a los suyos, partiendo del tema de la religión católica en sus discursos plásticos.
De lo que sí no existen dudas, según Paolucci, es que El Martirio de San Lorenzo es un original realizado por un pintor desconocido perteneciente a la misma época en que Caravaggio trabajaba estos motivos en sus obras.
Buena parte de toda la producción pictográfica de Caravaggio corresponde a la llamada pintura de género. Las escenas que recreaba en sus cuadros, más que complacer las exigencias de sus clientes, buscaban la complejidad y complicidad de un discurso en el que el pintor jugaba con la multiplicidad de significados, labor intelectual que sobrepasaba los cánones establecidos para el arte en su época. De tal manera sus iconografías devenían suerte de entretejido lírico y alegórico, que complementaban la belleza indiscutible del realismo existente en ellas.
Por suerte la figura de Caravaggio trasciende a nuestros días por la
excelencia de su arte inconfundible y extraordinario y no por los suculentos escándalos que, paradójicamente, esa maravillosa producción plástica ocasionó entre finales del siglo XVI y principios del siglo XVII.
Se sabe que en sus representaciones bíblicas experimentaba mordaz satisfacción personal al seleccionar entre los personajes marginales - prostitutas, mendigos, borrachos y muchachos pobres y sin hogar- los modelos de los que surgirían los protagonistas de sus narraciones inspiradas en el catolicismo. Ese proceder, que le propinó sonados escándalos tuvo su mayor resonancia en la obra titulada La muerte de la Virgen, en la cual representó de una forma sorprendentemente realista el cuerpo de la Virgen María con el vientre hinchado, imagen que se aseguraba había sido tomada de una muchacha encontrada ahogada en el río Tíber, cadáver identificado como el de una prostituta preñada, asesinada y lanzada al torrente.
Tal argumenta el director de los Museos Vaticanos, en su definitiva conclusión sobre la autenticidad de El Martirio de San Lorenzo, la obra toda de Caravaggio se caracteriza, ante todo, por el realismo en la ejecución de sus figuras. Se ha dicho que se negaba categóricamente a corregir las imperfecciones naturales existentes en la fisionomía de sus modelos para representarlos más hermosos, angelicales y tiernos ante los ojos de sus clientes o para satisfacer la idea de perfección y belleza que la iglesia católica tenía sobre sus santos.
Un aspecto poco difundido sobre el imaginario estético de Caravaggio, es el reflejo en sus obras de su cuestionable orientación sexual. Tanto en los paisajes, como en el sentido andrógino de los personajes de sus cuadros existe un evidente manifiesto homosexual. Muchos de sus modelos poseen ambigüedad sexual. Sin embargo, los estudiosos de su creación plástica concluyen que ese enigmático tratamiento además de estar relacionado con el gran tema de la androginia, tiene que ver con el altísimo nivel intelectual y crítico del artista, quien asume lo andrógino como contrapunteo de contrarios, es decir, la lucha de fuerzas divergentes, la vida y la muerte, la maldad y la bondad, lo bello y lo feo…
Mucho pudiera, y bien valdría la pena hacerlo, promoverse sobre la pintura de Caravaggio, un pintor que no solo trazó nuevos caminos para el arte en su tiempo, sino que además devino referente ineludible para todas las generaciones de artífices en todo el mundo que le han precedido durante estos cuatro siglos de su ausencia física.