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CARLOS ENRÍQUEZ. LYCEUM - La Habana, Cuba, Julio 20-30, 1957

Publicada el 7/3/2010

LYCEUM - La Habana, Cuba, Julio 20-30, 1957

CARLOS ENRÍQUEZ

LYCEUM

Carlos Enríquez

1900 - 1957

La Habana, Cuba, Julio 20-30, 1957

IMPRESO EN LOS TALLERES TIPOGRAFICOS DE EDITORIAL LEX
AMARGURA Nos. 259-261, LA HABANA, CUBA.


Exposiciones Personales y Colectivas
a las que concurrió Carlos Enríquez

1927. —Primera Exposición de Arte Nuevo. —Asociación de Pintores y Escultores, La Habana.

1927. —XII Salón de Bellas Artes, La Habana.

1930. —Exposición Carlos Enríquez. —Revista de Avance, La Habana.

1931. —Exposición Carlos Enríquez. —Ateneo Popular de Oviedo, España.

1933. —Exposición Carlos Enríquez. —Salón del Patronato de Turismo, Madrid, España.
 
1934. —Exposición Carlos Enríquez. —Bufete del Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, La Habana.
 
1934. —XVII Salón de Bellas Artes, La Habana.
 
1935. —Exposición Nacional. —Ministerio de Educación, La Habana.
 
1936. —Salón de Pintura Moderna. —Círculo de Amigos de la Cultura Francesa, La Habana.

1936. —Exposición de Pintura. —Lyceum, La Habana
 
1937. —Exposición de Arte Moderno. —Municipio de La Habana.

1937. —Exposición de Pintura Cubana. —Lyceum, La Habana.

1937. —Exposición de Arte. —Liceo de Matanzas, Matanzas.

1937. —Pinturas Murales. —Escuela José Miguel Gómez, La Habana.

1938. —Exposición de Arte Cubano. —México, D.F., México.

1938. —Liceo de Candelaria. —Candelaria, Pinar del Río.

1938. —Exposición Nacional. —Ministerio de Educación, La Habana.

1939.—Latin American Exhibition. —Riverside Museum, New York City, N. Y.

1940. — Exposición de Arte. —Universidad, La Habana

1941. —Exposición de Pintura y Escultura Moderna. —Lyceum, La Habana

1941. —Exposición Nacional. —Capitolio Nacional, La Habana.

1942.—Museum of San Francisco. —San Francisco, California.

1942. —Exposición de Arte Cubano. —Club San Carlos, Stgo. de Cuba.

1943. —Exposición Carlos Enríquez. —Lyceum, La Habana.

1943. —Primera Exposición de Artes Plásticas. —Miramar Yacht Club. Marianao, La Habana.

1943. —Exposición de Pintura y Escultura Modernas Cubanas. —Institución Hispano Cubano de Cultura, La Habana.

1944. —Exposición Carlos Enríquez. —Palacio de Bellas Artes, México, D.F., México.

1944. —Exposición Carlos Enríquez. —Revista "Orto", Manzanillo, Oriente.

1944.—Exihibition of Cuban Modern Paintings in Washington Colections.—Pan American Union, Washington. D.C.

1945.—Exhibition of Modern Painters. — Washington, D.C.

1945.—Exposición Carlos Enríquez.—Centre DArt, Port Au Prince, Haití.

1945. —Exposición de Pintura Moderna Cubana. —Academia Nacional de Bellas Artes, Guatemala, Guatemala.

1946. —Exposición Nacional. —Ministerio de Educación, La Habana.

1946. —Exposición de Pintura Cubana. —Palacio de Bellas Artes, México, D.F. México.

1946. —Exposición "11 Pintores Cubanos". Museo de Bellas Artes, La Plata, Rep. Argentina.

1947. —Exposición Carlos Enríquez. —Sociedad Universitaria de Bellas Artes, La Habana.

1950.—An Exhibition of Cuban Paintings. —The Womens Club, La Habana.

1953. —Exposición del Centenario de José Martí. —La Rampa, La Habana.

1955. —Exposición Carlos Enríquez. —Nuestro Tiempo, La Habana.

1956. —Exposición Nacional. —Ministerio de Educación, La Habana.

1956. —Exposición "Guy Pérez Cisneros". —Lyceum, La Habana


De Carlos Enríquez sobre su Pintura

(En carta de 1943 a Alfred H. Barr Jr., Director
de The Museum of Modern Art de New York)


. . .. Creo que mi obra se encuentra en un constante plano evolutivo hacia la interpretación de imágenes producidas entre la vigilia y el sueño, las cuales pueden tener la realidad de un recuerdo involuntario o la irrealidad de las cosas embrionarias. Sin embargo, esto, no quiere decir que sea surrealista, aunque acepto la libertad mecánica de la creación. Me interesa interpretar el sentido cubano del ambiente, pero alejándome del método de escuelas europeas. Lo contrario sería tratar de resolver lo nuestro con fórmulas ajenas al medio, pues tan distante está el arte oriental de mi sensibilidad (aunque me emociona) como puede estarlo Picasso. Me interesa la forma humana, el paisaje y sobre todo la combinación de ambos, pues todo hombre tiene su paisaje interior o exterior, del cual nunca podrá aislarse aunque místico.

La obra adquirida por The Museum of Modern Art, de New York fue pintada por el mes de octubre de 1951. Es el producto de una serie de acuarelas hechas con el fin de probar que la palma cubana no es sólo un motivo de "post card", o de cuadro finisecular, como han pretendido ciertos pintores nuestros, sino que también encierra cualidades plásticas infinitas, tratadas de manera subjetiva desde luego, a fin de restarles un poco de su fuerza decorativa. La yerba húmeda de los potreros por donde corren los caballos, es la mañana fértil de los campos antillanos. Las otras razones, son, que desde la ventana de mi estudio veo todos los días ese misterioso palmar alejarse de sus raíces terrestres para acercarse al misterio de las estrellas.

La técnica es suave, algo transparente. La luz tropical borra las distancias, a veces llega a hacer de los objetos cosas líquidas, funde los colores, transforma la calidad de las materias. Por lo menos, a veces pienso eso...

 


Personalidad, Pintura y Poesía

En vida Carlos Enríquez ya pertenecía a la leyenda. Ahora comienza a transfigurarse en mito, en el primer gran mito de nuestra pintura, porque significa la primera concreción total de una modalidad genuina nuestra. La densa floración anecdótica que brotará de su estela no ha de ser una consecuencia incidental bien que pletórica de semillas para las mentes literarias y la imaginación popular, eclipsando los escasos y pequeños ídolos anteriores. En 1929 Avilés Ramírez comentaba la vaciedad de nuestro mundo pictórico si excluyésemos a los cinco pioneros del arte moderno. Más, también cabría preguntarse cuál hubiera sido el panorama sin la presencia del pintor desaparecido el 2 de mayo. Su paso por nuestro pacato medio provinciano en el umbral del segundo cuarto de siglo, fue un torbellino que revolvió la estática atmósfera de aletargado conformismo, escandalizando, sacudiendo y electrizando con atrevida gracia que ponía en solfa a las veneradas instituciones y personalidades académicas y sociales. Era preciso despertar los ánimos a la evolución cultural y a la sensibilidad del momento, en una república isleña que había permanecido apartada de las corrientes renovadoras que vivificaban el resto del mundo civilizado. Cierto, había en ello rezagas de la actitud hostil del romántico frente al burgués, aunque acabó por prevalecer la guerra contra los convencionalismos estranguladores, iniciada poco antes por Freud desde Viena, los dadaístas en Paris y H. L. Mencken en Nueva York. Instauró, pues, el terror mediante la burla y la transgresión de los tabús sexuales y de toda índole. Pero su personalidad e ingenio de ley lo mantuvieron a salvo de la chocarrería y de lo que la pusilanimidad y la pudibundez pudieran tildar de estrepitosa fanfarronería, sin contar que su cuna y su sentido popular lo situaban en posición ventajosa para dirigirse a las élites a la par que al pueblo.

Desde muy temprano, incluso a partir de su infancia, Carlos Enríquez exhibe rasgos de su personalidad pictórica y humana, cosa poco frecuente aun en los artistas más altos. Se advierte ese característico toque ágil, ligero, diestro y nervioso, como todo él, en cuerpo y espíritu, esa gracia y esa nota lírica, que en conjunto le imparten seductora homogeneidad a su obra y su vida, pese al caos de sus ambigüedades conflictivas interiores. La línea fina y relampagueante, a la vez liviana e incisiva, parece seguir la de sus propios contornos físicos. Sus figuras estilizadas duplican de cierto modo la suya. Los guajiros delgados, enjutos, cetrinos, de cara oblonga, que pueblan algunos de sus cuadros, son como autorretratos. Su paleta permanece fundamentalmente la misma, sin desviarse poco ni mucho del rojo, rosado, violáceo, azul y verde, con intersticios de gris perla, cenizo o nacarado. Visiones caleidoscópicas inundadas de luces prismáticas, cuyos rayos quebrados se entrecruzan con volátiles asociaciones de complementarios. Modernistas delicuescencias, vaporosidades y transparencias. Los sibaritismos cardenalicios de Bradomín se combinan con las truculentas bravatas de Tilín. Aligeramiento de la materia: la pintura corre leve y rauda, envuelta en aproximaciones tonales reacias a los contrastes. Expresionismo con reminiscencias de fauve. Lirismo y sátira. La balada del Rapto de las Mulatas, la décima del Entierro de la Guajira y el romance de Manuel García, sin olvidar la oda a Martí en Dos Ríos. Siempre la poesía, pero no sólo la literaria sino de sustancia, que permite desasirse de valores puramente plásticos. Y sin embargo, ¡qué alucinante multiplicidad de imágenes! Se asiste a un abigarrado desfile tan pronto fantástico o caricatural como realista o idealizado de damas sofisticadas, ridículas o espirituales, caballos estilizados galopando con la crin al viento, intelectuales y artistas, bellezas sublimadas y seres monstruosos, campesinos famélicos, desnudos obscenos, visiones de ensueño y de pesadilla, peleas de gallos y escenas campestres con bañistas desnudas, niños esqueléticos con el vientre dilatado por el parasitismo.

Carlos Enríquez fue cabalmente un vitalista del siglo XX, con algo del oumo singolare del Alto Renacimiento del caballero, libertino dieciochesco y de romántico ochocentista. Nunca se adhirió, empero, a escuela alguna. Rebelde impenitente y enemigo mortal de la hipocresía acomodaticia del conformismo, su agresividad verbal también se debía a la disparidad, imposible de nivelar por completo, entre las vivencias experimentadas y las transmitidas. Inmoralista por inadaptado, la incomprensión del medio exacerba su resentimiento. Con los músculos y los nervios tensos, su extraordinario temperamento y su temple acerado, mantiene la continuidad de su esfuerzo creador, al través de la sucesión de aciertos impares y de caídas indubitables.

Trabajosamente se libera del embrujo del pintoresquismo en su primer redescubrimiento de Cuba, a su regreso de 1925. Pero al volver de nuevo en 1934, después de cuatro años en Europa, estaba maduro para realizar su segundo redescubrimiento. Con el certero espectroscopio de su intuición, aprehende la esencia envuelta en la fulgurante llama antillana. Paris le había mostrado el sótano del subconsciente, sin hacer de él propiamente un surrealista. En España aprendió la lección del dantesco Bosco, el espiritualizado Greca y el satírico Goya, con el que tiene un parentesco cercano. Pero emplea, su propia sustancia en la creación del criollismo, la faceta más rica, original y brillante de su obra, sin igual por lo novedosa y acertada. Ocurrente en la vida y en la pintura, contribuyen a su sabor cubano especias como la agilidad y la gracia, ejemplificada en el humorismo pictórico del gallo de pelea empuñando una faca, el caballo provisto de espuela cortejando a una yegua, el guajiro que sueña con los senos de su mujer mientras rotura el campo y una flor significativa en la mano de un joven. El ingrediente sexual es de cardinal importancia, presente hasta en la tierra hecha carne, en la topografía que se trueca en anatomía, en las gráciles palmas con las cabelleras sueltas. Tal vez el nacionalismo imperante desde 1933 influyó algo en el Sesgo criollista, y la presencia de Juan Ramón Jiménez entre 1936 y 1939 avivaría la llama poética, ya que el pintor se había alejado del modernismo, identificándose años antes en García Lorca, del que es, de cierto modo, una versión pictórica cubana. Prefiere el fugaz temblor lirico a la elaboración de calidades pictóricas, predominando lo visual sobre lo plástico. Mas dado a la magia que, a la ciencia del arte, al vértigo del impulso que a la disciplina constructiva, a la fiebre alucinante que a la serena contemplación, al lirismo desbordante que a la elegía reflexiva" al acierto ágil que a la firme solidez, al chispazo que a la ponderación, no propende a la búsqueda metafísica y a la depuración formal. Repudia lo lerdo, oponiendo la soltura de la pintura abierta a la bien trabada estructuración. Lo sacrifica todo a la frescura espontánea, a fin de que sus cuadros vibren como las cuerdas de la cítara. Pintaba velozmente, mas no improvisando siempre, y a veces los bocetos que preparaba de antemano constituyen de por si pequeñas joyas. La curva de su trayectoria alcanza el tope entre 1938 y 1945, declinando hasta 1950, y en los últimos meses de su existencia parecía haber emergido casi por completo de la lóbrega caverna en que había caído.

Marcelo Pogolotti

Carlos Enríquez y la Pintura Cubana

La pintura moderna cubana ha perdido uno de sus valores más definitivos, uno de los pocos en los que desde el primer momento se observa un deliberado acento de cubania. Porque Carlos Enríquez supo mantenerse siempre dentro del tema figurativo y paisajístico del barroquismo nacional. Su viaje a Europa lo puso en contacto con la Escuela de Paris, pudo, sin embargo, permanecer firmemente alejado del abstraccionismo en boga que a tantos deslumbró. Como escribiera Rafael Marquina con motivo de su última exposición que resultó póstuma: "Carlos Enríquez trajo a la pintura cubana su acento de cubania; con algo más que un pintoresquismo fácil y una anécdota abultada. Con aquella raigal razón de lo genuino que no está en las cosas y su perfil, sino en la luz, en el aire, en el callado verbo de lo esencial."

No es la realidad cubana lo que capta Carlos Enríquez en sus cuadros sino el trasfondo de esa realidad, un trasfondo de poesía y sensualidad que lo han llevado a que su obra haya sido catalogada a menudo como surrealista.
Más que impresionista, fauvista o expresionista de contenido surrealista, es Enríquez intérprete de nuestro medio tropical, de esas hermosas transparencias de nuestra atmósfera que ,en la paleta verde esmeralda de los campos recién lavados por la lluvia, se esmaltan con los límpidos azules del cielo o los tonos-rosa-nacarados del amanecer o del anochecer.

Esas formas cristalinas que se superponen en sus lienzos, ya sean caballos iracundos, héroes de una epopeya mítica o desnudos de mujer por los que corre la sangre del trópico, nos hablan muy hondo de su sensualidad criolla, siempre presente en él a flor de piel y a la que París hubo de restar crudeza con su toque de gracia, su elegancia y su espiritualidad.

Su pintura audazmente sensual en el contenido y en la forma, es una muestra acabada de las resonancias del trópico en el artista.
La nota expresiva que separa a la pintura moderna americana de la europea es el indoamericanismo, vocablo lanzado por José Vasconcelos y acuñado por el pintor y crítico de arte Felipe Cossio del Pomar, para designar a un arte genuinamente americano que afianza sus raíces en la tradición cultural indígena, como lo es el mexicano, peruano, boliviano y quiteño. La pintura cubana de hoy, carente de herencia ancestral indígena, ha expresado el indoamericanismo en una emotiva interpretación del trópico y el folklore a través del color y la luz vibrantes en el paisaje, y el tema guajiro que se ha ido sintetizando hacia dos elementos esenciales: la riqueza del color y de la luz.
Carlos Enríquez ha sentido más sinceramente que otros el llamado hacia lo indoamericano, manteniéndose siempre dentro de él sin titubeos. En una etapa de su larga producción, este tema se repite hasta formar lo que se llamó el "Romancero Guajiro", al que pertenecen "Combate", "Rapto de las mulatas", "Paisaje con potros salvajes", y conjuntamente con ellas, su novela "Tilín García" publicada en 1939. El indoamericanismo es para él un motivo plástico, y como muy bien ha dicho Gómez Sicre, a medida que "su color va ganando en amplitud, la atmósfera cubana se le entrega decididamente, y los asuntos se enorgullecen de su condición cubana", pero no por ello dejan de tener un alto valor de contenido y de forma que son y serán siempre los valores esenciales de su obra cromática.

Habana, julio 1º de 1957

                                             MARTHA DE CASTRO
                                                                                   
Magia y Creación en Carlos Enríquez

En el principio era la magia.

De Pirindingo a Las Casimbas, de Boquerón a La Guacacoa.

¿No hay una fonética de ensalmo y sortilegio en estos nombres, que al parecer sólo definen geográficamente el escenario inicial de Carlos Enríquez?

La magia, irradiada como una onda de perfume, surgiendo de su cofre natural: la entraña telúrica. De Pirindingo a Las Casimbas, de Boquerón a La Guacacoa. Allí estaba el paisaje en su prístina pureza, con el secreto intacto, no revelado aún por el milagro creador y estaba el espíritu de un niño alucinado y alucinante, que buscaba con ojo impensadamente zahorí, la pulpa fascinante del mundo, su magia irredenta.

(La magia, fundamento y bulbo de todo arte, desde Font-de-Gaume y Altamira, hasta Picasso y Chagall. La maestría, el artesanado ideal son partes consustanciales con el misterio de la creación artística. Pero su fuente milagrosa, su nódulo vital, sin el cual oficio y sapiencia sólo pueden hablarnos de oficio y sapiencia, reposa en el secreto entrañable, en la magia centelleante que era en el principio de toda cosa. Magia, y Religión, que fue el intento primario de traspasar la frontera inefable y surgió como la primogenitura intelectiva del hombre, aspirando a inundar de luz los secretos territorios en tinieblas, como el primer ensayo dialéctico de la magia. Los atributos consecuentes a ese intento de esclarecer, de penetrar en el misterio, harían nacer al arte, hijo audaz y torturado de la magia.)

Carlos Enríquez supo desde muy temprano, que pintar es reencontrar la perdida magia del mundo, su esplendor primario. Lo esencial de su obra está ahí. Y ahí su valor de permanencia, los elementos que lo afirman en la plástica cubana, como una isla luminosa y reveladoramente solitaria.

Había nacido con el siglo —y todo es alusión y signo en su vida inquietante—, el 3 de Agosto de 1900, en Zulueta, Las Villas, adonde los azares de la profesión habían llevado al padre médico. Pero el pintor violentaría la realidad más tarde, y burlando la autenticidad documental, afirmaría con énfasis que su epifanía había tenido lugar en Pirindingo, símbolo cerrado de aquel paisaje insular, tras cuyos colores aparentes perseguía los reales y ocultos, convencido, con Novalis, de que "todo lo visible reposa sobre un fondo invisible".

Buscaba el niño la pulpa vibrante del mundo, y la buscaba naturalmente, en lo circundante. La palma y la ceiba, la espesura de aroma, el guayabal acendrando en sus verdes profundos toda la circulación arterial de su paisaje, las siluetas escurridizas de las guajiras en blanco y rosa, el relato susurrado que magnificaba en fabularios increíbles las hazañas de los bandoleros que envolvían en vastos pañuelos de bayajá, los centenes barridos en el arcón del hacendado. Paisaje y figuras se fundían en una sola y concatenada mitología, que sedimentaba en el espíritu del futuro pintor, impregnándole de los elementos románticos, la exaltación vital y cromática, que le acompañarán siempre en la vida y la creación.

Tiene seis o siete años y hace sus primeras letras en el Colegio Riverón, en Zulueta. Pero aquello es lo accesorio, lo banal, lo impuesto. ¿No es acaso mil veces más hermoso galopar por las sabanas deslumbrantes de sol, frenético en la ebriedad gozosa y sensual, que le hace penetrar por todos los poros el alma encantada del paisaje? La magia está ya en él, transubstanciada por el paisaje, con ·cuyas esencias se va conformando su espíritu.

Y de pronto un desván, una barbacoa, el coto cerrado y sobrecogedor donde yacen los fragmentos dispersos del ayer, le revela, como las estrellas a ese Nostradamus cuyas profecías leerá más tarde con fruición, el arcano inquietador de su futuro. Allí están, ya madurando en la leyenda, cartapacios, lienzos, pinceles, paletas, potes de color, y dibujos y óleos de aquel abuelo inconforme y desasido que había sido pintor.

¿Por qué no pensar que ya entonces vislumbra, en la barbacoa prestigiada por la soledad y magnificada por la sombra del abuelo, las respuestas a sus interrogaciones oscuras frente al paisaje inquietador? Pirindingo, Las Casímbas, La Guacacoa, Boquerón, son presencias fingidas, realidades aparentes, corteza visible de algo que está en ellos, pero al otro lado, enigmático, negando su mágico secreto a las miradas indiferentes.

Carlos contempla los dibujos, en los que el anhelo naturalista y reproductor, como en toda pintura, no es más que aparente. Está la abstracción y la estilización del arte, aunque él no sepa verlos aún más que como apresamiento de la realidad mágica y oculta, por artilugio de pintor. E intuye que aquella ha de ser su via, si quiere alcanzar lo que sus ojos descubren al otro lado de los aromales, tras el penacho de las palmas, bajo el verde enigmático del guayabal o la suntuosa y enjoyada superficie de las hojas del plátano. Hay un mundo oculto y deslumbrante bajo el aparente y visible. Y la sombra del abuelo pintor, le indica cómo llegar a él Le está diciendo con aquellos pobres restos de su anhelo creador, olvidados en el desván, que sólo se alcanza la subyacente, espléndida realidad del trasmundo, apresándola plásticamente, fijándola con mayor o menor suerte, en atributo religioso, en dialéctica de la magia: en obra de arte.

Yo amo imaginar que fue así como un día, en los años de su infancia, Carlos Enríquez supo por modo inexpresable, que aquel seria su atormentado destino en este mundo: pintar.

***
Era una fuerza de la Naturaleza, un elfo sombrío, una partícula desprendida de la armonía vertiginosa, que al escapar al control absoluto, vagaba errático, incapaz de encontrar el justo acomodo y detonaba, como un color desafiante, en la gama del hombre.
Una estela de rebeldías queda tras él en los años de la infancia y la adolescencia. Estrella errante, desajustada en su mundo circundante, cruza como una tromba estridente por las aulas de los Escolapios de Guanabacoa, el Candler College, la Academia Newton, en la que es su maestro el poeta Salvador Díaz Mirón. La justa ambición paterna que quiere para él un sólido pedazo de tierra bajo los pies, se ve defraudada una y otra vez. En aquel adolescente nervioso, delgado y afilado como un personaje del Greco, parecen haber confluido el abuelo pintor, habitado por los sueños de arte, y el otro abuelo, hazañoso y audaz, vagamente conquistador, vagamente pirata, devorado por el miraje concreto de la aventura.

Cumple veinte años en Trenton, estudiando Comercio en la Pearce School, para calmar la inquietud paterna. Cuando puede exhibir el diploma que lo acredita apto para manejar cifras y establecer balances e inventarios, recibe el premio a su transigencia: ingresar para estudiar pintura en la Pennsylvania Academy of Fine Arts, de Filadelfia. Su destino se cumple. Va a preparar su instrumental de pintor a adquirir pericias de oficio y artesanías necesarias para traducir en lenguaje plástico, sus visiones del trasmundo. La veta aventurera del abuelo pirata, corre paralela en su vivir cotidiano, con la veta profunda del abuelo pintor, que rige su destino. La que ha de ser luego su leyenda, echa sus bases, se cimenta en amores borrascosos y aventuras de estridencia increíble, cuyos ecos comienzan a difundirse. Pero la vida turbulenta no estorba ni estorbará nunca, al laborioso rebuscar el medio de expresión justo, la pericia artesana que sabe ineludibles para la obra soñada. Es un momento decisivo y lo sabe. Expresionismos y fauvismos le liberan progresivamente de lastres académicos. Su paleta es detonante, agresiva, su temática violenta.

Es también el momento del amor, el amor turbulento y apasionado y tierno, como lo serán todos los que constelarán su vida a través de los años. Cuando regresa a La Habana, en 1925, le acompaña una bella muchacha norteamericana, pintora de sensibilidad y talento grandes, con la que acaba de contraer matrimonio en Filadelfia: Alice Neel.

Son dos o tres años borrascosos, en los que la agónica lucha con la materia plástica, aun rebelde a sus sueños, se acompaña con un intento fugaz de ajustarse a la realidad aparente del mundo. Y Carlos es durante meses el extraño y sorprendente administrador de las carboneras de uno de sus cuñados. Pero el bagaje de aquel Comercio aprendido en Trenton, no es de mucha eficacia y el experimento se manifiesta pronto como un desastre. El pintor no podrá ser nunca un aceptable administrador. Carlos y Alice abandonan las carboneras imposibles y con un parco equipaje en el que predominan paletas, pinceles y lienzos, vuelven a New York, a la vida azarosa del Greenwich Village, singular rincón de sueños en la ciudad enorme.

Una hija de nombre poético y evocador, Santillana del Mar, muere prematuramente, dando al pintor su primera grande amargura. Cuando en 1930 regresa a La Habana, Isabetta, su segunda hija, le acompaña. La accidentada aventura matrimonial ha terminado. Y una etapa decisiva de su vida, concluye. Ese mismo año irrumpe en Montparnasse con su silueta anacrónica de personaje del Greco, el cartapacio de dibujos bajo el brazo, el cabello largo, brillante la pupila por la que le asoma la carga de sueños.

Los cuatro años de París, son sus años de muerte y transfiguración. Ha llegado a un cruce de caminos y su obra madura espléndidamente. Es dueño de su técnica y no ha perdido el rumbo. Hubiera podido jugar cartas fáciles o caer en reclamos engañadores, brillantes y fugaces. Pero lo transitorio no le tienta. Es la magia del mundo de su infancia lo que anhela apresar. La magia de Pirindingo y Las Casimbas, el trasmundo oculto, aquello que está allí desde el alba inicial de la creación. Ya puede volver al paisaje inviolado. Ya está apto para recoger plásticamente el alma encantada de su isla, capacitado para ser su traductor más fiel.

Y en 1934 regresa para realizar su obra definitiva, cerrar el ciclo de su creación, cumplir su luminoso destino. Y pinta con furia dionisiaca, intuyendo tal vez que ha de pagar en moneda de dolor y sufrimiento físicos, el haber sido receptáculo transitorio del misterio, su mensajero alucinado.

Esa obra, parte de la cual puede verse en esta Exposición de homenaje a su memoria, es la de un pintor que supo desde muy temprano que pintar es reencontrar la perdida magia del mundo, su esplendor primario. Un artista extraordinario, consciente siempre de que creación no puede ser más que dialéctica de la magia, visión del trasmundo, reflejo de ese invisible sobre el que reposa fatalmente todo lo visible. Un pintor que al morir, el 2 de Mayo de 1957, dejó, según certera y hermosa frase de Rafael Suárez Salís, al paisaje de su patria sin pintor.

Su pintura es ese estado de gracia, ese absoluto insondable en el que todo valor prima por sí mismo, en el eterno y misterioso juego de la creación pura, del que el artista es tan solo el trasmisor sensible, el ángel irresoluto y fatal.
Para la plástica cubana, la significación de Carlos Enríquez es la de un alba, un manantial, un descubrimiento. Porque si alguna vez hubo una primera ceiba, una inicial maleza de aroma, una palma que salió a ensayar si era posible que las palmas fueran sobre la tierra recién nacida de su isla, ellas tuvieron que ser como las que desentrañó de esa hondura infinita en que la tierra se hace prolongación del hombre y la belleza "primer grado de lo terrible", la mano sobrecogedora y elegida de Carlos Enríquez.

                                             FELIX PITA RODRIGUEZ

Catálogo de la Exposición
             
              OLEOS

            1. —PAISAJE   1920
                 Colec. Isabel Enríquez de Martull.

            2. —HERRERIA (1)   1924
                 Colec. Silvia y Julia Enríquez.

            3. —RINCON    1924
                 Colec. Silvia y Julia Enríquez.

            4. —AUTORRETRATO   1925
                 Colec. Jorge Fernández de Castro.

            5. —RETRATO DE MARCELO  1925
                 Colec. Marcelo Pogolotti.

            6. —MUJER A LA LUNA  1930
                 Colec. Francisco Pita Rodríguez.

            7. —HAMLET (2)   1932
                 Colec. Isabetta Enríquez de Lancella.

            8. —CRIMEN EN EL AIRE CON GUARDIA CIVIL (3)   1933
                 Colec. Jorge Fernández de Castro.
                      
            9. —UN DIA y UNA HORA  1931
                 Colec. Privada.

          10. —ISABETTA A LOS 5 AÑOS  1934
                 Colec. Isabetta Enríquez de Lancella.

          11. —L´ECUYERE   1934
                 Colec. Jorge Fernández de Castro.

          12. —EL ENTIERRO DE LA GUAJIRA 1935
                 Colec. Porfirio Pendas.

          13. —RETRATO DE EVELIA  1936
                 Colec. Evelia Méndez Plasencia de Alonso.

          14. —AMOR EN PIRINDINGO  1936
                 Colec. Gustavo Gutiérrez.

          15. —LIMPIEZA DE ELEMENTALES  1936
                 Colec. Francisco Pita Rodríguez.

          16. —MARIA LUISA EN EL ARIGUANABO (4)  1936
                 Colec. Silvia Martell.

          17. —HORNO DE CARBON 1937
                 Colec. Carlos Ramírez Corría.

          18. —DOS RIOS  1939
                 Colec. Agustín Guerra de la Piedra.

          19. —DESNUDO DE MUJER  1940
                 Colec. Ramón García Osuna.
 
          20. —COMBATE  1941
                 Colec. Bruno Gavica.

          21. —RETRATO DE MARTHA  1942
                 Colec. Jorge Fernández de Castro.

          22. —BUEYES  1943
                 Colec. Porfirio Pendas.

          23. —CARACOLA  1943
                 Colec. Sarah Hernández Cata.
 
          24. —COLONIAS CON MARPACIFICO  1943
                 Colec. Silvia y Julia Enríquez

          25. —RETRATO DE MARIANA REGINA  1943
                 Colec. Mariana Regina Albadalejo.

          26. —LA BAÑISTA  1944
                 Colec. Silvia y Julia Enríquez.

          27. —EL RUIDO  1945
                 Colec. Isabetta Enríquez de Lancella.

          28. —PELEA DE GALLOS  1945
                 Colec. José R. Pino Zitto.

          29. —TROPICO  1947
                 Colec. Félix Pita Rodríguez.
 
          30. —JEUNE FEMME AU PETIT COL BLANC 1947
                 Colec. Privada.

          31. —GUASIMAL BASE BALL CLUB  1947
                 Colec. Herminia del Portal de Novas Calvo.

          32. —BANDOLEROS CUBANOS  1948
                 Colec. Manuel de la Torre.

          33. —GERMAINE  1948
                 Colec. Isabetta Enríquez de Lancella.

          34. —CABEZA DE GERMAINE  1949
                 Colec. Herminia del Portal de Navas Calvo.
          35. —EN EL BALCON  1949
                 Colec. Antonio Mendieta.
                      
          36. —CARROUSEL  1950
                 Colec. Silvia Martell.
             
          37. —FIESTA  1955
                 Colec. Isabetta Enríquez de Lancella.
             
          38. —RETRATO DE GASPAR  1956
                 Colec. Gaspar Arias.
             
          39. —CABEZA DE CRISTO  1951
                 Colec. Gaspar Arias.
             
          40. —PAISAJE CON TABACO  1957
                 Colec. Isabetta Enríquez de Lancella.
             
          41. —COLONIAS EN BOTELLA  1957
                 Colec. Isabetta Enríquez de Lancella.
               
          42. —CABALLOS BAJO UN CICLON  1957
                 Colec. Isabetta Enríquez de Lancella.
             
      ACUARELAS, TINTAS Y LAPICES
             
          43. —DESNUDO DE MUJER  1929
                 Colec. Privada.
             
          44. —DESNUDO DE MUJER  1930
                 Colec. Privada.
             
          45. —LEVANTADOR DE PESOS  1931
                 Colec. Isabetta Enríquez de Lancella.
             
          46. —DESNUDO CLASICO  1934
                 Colec. Jorge Fernández de Castro.
             
          47. —DESNUDO DE MUJER  1934
                 Colec. Privada.
             
          48. —MUJER DESNUDA  1934
                 Colec. Privada.
             
          49. —SEXO  1936
                 Colec. Privada.
             
          50. —RETRATO DE AMELITA  1937
                 Colec. Francisco Pita Rodríguez.
              
          51. —MARIA LUISA EN EL ARIGUANABO  1936
                 Colec. Bruno Gavica
 
          52. —LA LOLA EN EL "HURON AZUL"  1942
                 Colec. Privada.

          53. —LA LOLA EN EL PUEBLO  1942
                 Colec. Isabetta Enríquez de Lancella.

          54. —LA MAITRESSE DE L´HURON BLEU  1942
                 Colec. Herminia del Portal de Novas Calvo.
 
          55. —RETRATO DE EVA  1943
                 Colec. Eva Frejavílle de Collado.

          56. —CABALLOS  1943
                 Colec. Herminia del Portal de Novas Calvo.
 
          57. —DESNUDO DE MUJER  1944
                 Colec. Julio Le Ríverend.

          58. —CABEZA DE CABALLO  1953
                 Colec. Manuel de la Torre.
 
          59. —CABALLOS  1956
                 Colec Manuel de la Torre.
 
          60. —PERFIL DE MARTI  1956
                 Colec. Martha Arjona.

          61. —FUGA  1957
                 Colec. Isabetta Enríquez de Lancella.

          62. —ILUSTRACION PARA EL "CANTO DEL CARIBE"
                 Colec. Porfirio Pendas.

(1) Este cuadro y el No. 3 fueron pintados en los Estados Unidos.

(2) Este cuadro y al marcado con el No. 8 se refiere Gertrude Stein en su carta reproducida entre los juicios sobre Carlos Enríquez.

(3) Registrado por error bajo el título de ESPAÑA 1936 en la exposición en la Galería de la Editorial "Lex", 1957.

(4) Versión nueva de este cuadro pintado en 1936.
JUICIOS SOBRE CARLOS ENRIQUEZ

No es esta ocasión de decidir qué grado de licitud artística tiene ese mirar por la cerradura fisiológica, ni ustedes me perdonarían que yo tuviese más que un recuerdo para la difunta preocupación de lo moral en él arte. Lo que sí es pertinente que diga es que si "1930." (1) ha creído su deber exhibir los dibujos de Enríquez... es porque ha estimado que trae él a nuestro arte incipiente, tan lleno de lo medroso y de lo débil, una nota inusitada de valor y de vigor dentro de un orden puramente estético.
                                                        
                                      JORGE MAÑACH,
Glosas.
                                      La Habana, 1930.

I am interested in your pictures. I like the "Hamlet" very, very much. I also like the "Cuban Virgin" and the "Crime in the Air ", there is a very fine clear feeling in them. The "Hamlet" I can see as a picture because I have seen the drawing for it and I love the color. I like it, I very decidedly like it, there is genuine imagination, great clearness and a delicate elegance, all of which together interest me.
                                                        
                                      GERTRUDE STEIN,
                                   En carta a Carlos Enríquez.
                                   Bilignin, Par Belley Ain, 1933.

Carlos Enríquez vuelve a buscarse en el color y a encontrarse dentro de él a sus anchas, como si de colores y de transparencias delgadas de color estuviera hecho el universo. Enríquez es aquí como siempre, el fantasma traspasador de formas, el pintor que las funde sin confundidas y crea del color una verdadera sustancia, ajena, por completo al impresionismo que del color hace una cosa intrascendente.
                                                        
                                      EMILIO BALLAGAS
                                   Diario "El Mundo", 1935.

Carlos Enríquez, llegado de Europa en momentos de afanosa búsqueda de lo propio, de dramática indagación, se dio a la tarea trascendente de formalizar los hallazgos de los pintores jóvenes, creando sincera postura, con tanto fervor, que sólo el milagro de su sangre lo puede haber llevado a habitar esa zona mágica de la pintura.
                                      RAMON GUIRAO,
                                 Universidad de La Habana.
                                           1940.


(1) Revista que se editaba en La Habana en esa fecha.

"A este pintor le pierde la poesía; pero le salva el talento".

                                      HENRI FOCILLON,
                            Exposición Nacional (Capitolio)
                                     La Habana, 1941.

There is a windy sweep in his panels, as of a fresh breeze before the hurricane... An iridescent, almost bubble-like flow glisten through his dramatic palette. His horses recall Franz-Marc´s but his style highly personal…
                                     
                                      LINCOLN KIRSTEIN,
                                “The Latin American Collection of
                                 the Museum of Modern Art".
                                       New York, 1943.

 . . .ha logrado agarrar para siempre la transparencia de una atmósfera cubana y sembrar de figuras impalpables y asuntos bifurcados sus cuadros que no se resignan a representar sino que quieren vivir y plantear una teoría de lances entre la tierra y la carne, sin poder definir cuál es antecedente y cual consecuente, quien predomina o quien sucumbe en este connubio eterno de los sentidos y el medio exaltado en Carlos Enríquez, hasta la maestría.
                                      JOSE GOMEZ SICRE,
                                            Lyceum.
                                           La Habana 1943.

Y la pasta y el color, la técnica nerviosa de su pintura, pertenecen a Carlos Enríquez.
                                      DIEGO RIVERA,
                                   Palacio de Bellas Artes,
                                   México, D.F., 1944.

Me interesan en él sus originales cualidades de pintor. La calidad acuosa de su pincelada y las transparencias que obtiene en la acuarela tanto como en el óleo. Una pintura, se diría, licuescente, en la cual las líneas se disuelven los planos se superponen como en los interiores nacarados de las conchas marinas... Modelos y paisajes se funden en esa especie de fluir de la materia que se envuelve en grises perla, en tonalidades plateadas sobre las cuales los tonos vivos cantan con timbres claros y penetrantes.
Es característico su dinamismo: pero no un dinamismo muscular de sus figuras, ni el obtenido por la contorsión de la línea que aunque rica y prolija, está en su sitio y dibuja siempre, sino un dinamismo que podría decirse que está en el color, a lo cual contribuye el "coup de vent" de la pincelada.

                                      ADOLFO SALAZAR
                                        Diario "Excélsior"
                                      México, D. F. 1944.
. . .que pourrais—je faire de mieux que de vous demander—de vous en remetre entierement, au charme, de cet magicien de la transparence, cet amant de la lumiere et de la forme, cet chercheur de l´impossible. Le monde de sa magie est a vous, pour quelques heures révelant comme á travers le facettes d´un prisme, les aspects changeants, fluides et si brillants de la personnalitè de Carlos Enríquez.

                                      ALBERT MANGONES,
                                        Centre d´ Art.
                                   Port, au Prince, Haití, 1945

  . . . quiso pintar con unos colores transparentes licuosos el maremágnum del mundo, el aire de vitola amarga de una tierra dulce. Las guajiras, los caballos, las procesiones de palmeras, el pesaleches de un lechero inefable, pálido de nocturnidad, que viene a descubrir un sonriente amanecer... Su obra se alza sobre su muerte del 2 de mayo y dice a los que vienen detrás: ¡presente!

                                      ENRIQUE LABRADOR RUIZ.
                                              Diario "Alerta".
                                            La Habana, 1957

  . . .Desde el primer día vi en su obra algo que no estaba en los libros de moda, sino en la perenne proposición del paisaje cubano, el aire irreal que lo ilumina y decolora, la magia de su inestabilidad, su movilidad, sus distancias medidas por la brisa que hace de las horas cubanas un reloj campestre con campana diferente para el amanecer, el mediodía, el crepúsculo y la noche.

                                      RAFAEL SUAREZ SOLIS,
                                        "Diario de la Marina.
                                           La Habana, 1957.

Carlos Enríquez en su pintura, transparente como cristal irisado por los rayos del sol; tenue y cristalina como aguas purísima, toda ella sometida a movimiento como de torbellino, agitada siempre por fuerzas interiores —las fuerzas dilatadas e indomeñables del espíritu—, se expresó todo, se materializó todo, pero también se idealizó todo dejando en ella lo qua de esencial existía en las reconditeces de su alma humana y buena.
                                       ADELA JAUME,
                                     "Diario de la Marina”.
                                       La Habana, 1957.

Creo que ha sido el pintor cubano que ha manejado los colores con más fina sensibilidad, transparentándonos de una manera fantástica, hasta el grado de dejar ver detrás de sus gamas la urdimbre del manigual o de las aguas en deslizamiento plácido...
                                      LOLO DE LA TORRIENTE
                                         Diario "Alerta"
                                         La Habana, 1957.

Carlos Enríquez —y es deber recordarlo— trajo a la pintura cubana su acento de cubanía; con algo más que un pintoresquismo fácil y una anécdota abultada. Con aquella raigal razón de lo genuino que no está en las cosas y su perfil, sino en la luz, en el aire, en el callado verbo de lo esencial... rodeado de enigmas, constelado de misterios, en la cábala clara de sus silencios ha creado un mundo que es el nuestro de cada día sin que nosotros lo hubiésemos sabido tan nuestro como él lo ha hecho suyo.
                                      RAFAEL MARQUINA,
                                         Editorial "Lex"
                                        La Habana, 1957.

Figuras y panoramas se contemplan en un singularísimo y bien ordenado ritmo de la escena, acentuada por una euforia cromática donde en deliciosa armonía se ligan sutiles tonalidades azules, violetas y verdes, con nacarados rosas y amarillos, en una orquestación que establece sonoridad típica de un estilo o manera... Un lienzo de Carlos Enríquez, por esta razón se destaca entre miles...

                                     RAMON LOY,
                                     Diario "Alerta",
                                     La Habana, 1957.

  . . . Carlos por sobre todas las cosas de su agitada existencia, fue un pintor honrado que volcaba en cada pincelada un girón de su vida...

                                      AGUSTIN GUERRA,
                                   Cementerio de Colón.
                                      3 de Mayo de 1957.

Este catálogo de la exposición homenaje de la Sociedad Lyceum y Lawn Tennis Club al pintor Carlos Enríquez, fallecido en la ciudad de La Habana el 2 de mayo de 1957, se acabó de imprimir el día 20 de julio de 1957, en los Talleres de la Editorial Lex, sitos en la calle de la Amargura 259, La Habana, Rep. de Cuba.

 

 

 


 

 

 

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